La habilidad que necesitamos tener en el poker consiste, básicamente, en saber cómo explotar nuestras fortalezas y descubrir las ventajas que podemos obtener: tanto en la selección del juego, en determinadas manos, en la forma de usar nuestro bankroll. Si pensamos que la “habilidad” es sólo jugar bien nuestras manos, estamos viendo sólo una parte del cuadro general.
El buen juego tampoco tiene que ver completamente con la cantidad de dinero que un jugador gana, sino con la expectativa positiva de las decisiones que tomamos. Y estas decisiones no se relacionan sólo con las apuestas que hacemos. Las circunstancias son las que determinan si un jugador es un gran jugador, porque la habilidad sólo es tal cuando la aplicamos. Por eso, a veces, jugadores que son geniales en algunas situaciones son pésimos en otras.
La habilidad se demuestra obteniendo lo mejor de cada situación, y combinando todo lo que debemos combinar: la lectura de nuestros rivales, hacer buenas apuestas, farolear en el momento preciso, elegir el juego correcto, sacar la mayor ventaja posible. No basta con darnos cuenta de cuál es la mejor decisión: debemos llevarla a cabo de la mejor manera posible.

