La suerte en el poker

Muchas veces, cuando vemos que alguien tiene importantes logros, decimos que tiene “suerte”. La realidad es que llamamos “suerte” a lo que no es más que el resultado de mucho trabajo y planificación. Como no hemos visto todo ese esfuerzo, consideramos que los buenos resultados son fruto de la casualidad.

En el poker sucede exactamente lo mismo. Tiene suerte el jugador que hace lo necesario para tenerla, que trabaja para tenerla. En los malos jugadores los buenos resultados no tienen que ver con esta “suerte” de la que hablamos, sino que se trata de un golpe de azar fortuito, una verdadera casualidad.

Lo que queremos decir es que los buenos resultados en el poker, aquello que quien mira desde afuera puede llamar “suerte”, es en realidad el producto de una cuidadosa planificación, de cálculos matemáticos y buena ejecución de las jugadas. Un buen jugador de poker no espera que la suerte lo ayude, sino que diseña su juego en forma estratégica.

El mal jugador es el que tiene suerte cuando sus oponentes cometen errores involuntarios. El buen jugador hace que sus oponentes cometan errores, no desea que los cometan.

El buen jugador construye su suerte. Al mal jugador simplemente le sucede, de vez en cuando.

El mal jugador no tiene un plan, solo acumula casualidades. El buen jugador tiene una estrategia estudiada y practicada, tiene experiencia basada en la observación. Por eso, incluso cuando parece que no ha hecho nada para ganar, lo que ha sucedido es que ha dado, quizás hasta en forma casi inconsciente muchos de ellos, los pasos necesarios para resolver exitosamente una situación.


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