El poker es un juego de altos y bajos. Tanto la habilidad como la suerte influyen en el resultado, lo que significa que no solo los jugadores principiantes sino también los más grandes jugadores ganarán y también perderán incontables veces. Por eso es importante mantener la calma, y no permitir que una serie de de victorias consecutivas nos hagan creer que somos Phil Ivey, ni que una serie de derrotas nos lleven a pensar que deberíamos dedicarnos a otra cosa.
El poker es un juego en que la concentración y el autocontrol son el 90% del camino a la victoria. Muchas jugadores, por un bad beat, pueden llegar a perder todas sus fichas entrando en tilt. La mentalidad ganadora es fundamental para evitar el tilt.
Debemos siempre confiar en las habilidades que sabemos que tenemos. Si no confiamos en nosotros mismos, jugaremos con miedo y en forma demasiado conservadora, lo que no nos permitirá conseguir grandes beneficios. Pero no debemos confiar en exceso, lo que nos lleva al siguiente concepto.
Debemos ser capaces de reconocer nuestro límite: jugar bien no significa, necesariamente, poder jugar en la WSOP. No tratemos de jugar por encima e nuestras posibilidades económicas ni de nuestro nivel de juego hasta tener plena confianza de haber aprendido lo necesario para hacerlo.
Importante: nunca dejar de divertirnos. Cuando el poker deja de ser divertido, entonces no tiene mucho sentido seguir jugando. Aún cuando nuestro principal objetivo sea ganar dinero. Y nunca debemos hacer alarde en la mesa de nuestros triunfos, y tampoco quejarnos de nuestras derrotas. Hacerlo no nos convertirá en el jugador más popular de la mesa, ciertamente. Como tampoco criticar el juego de nuestros rivales.
Más allá de victorias y derrotas, el poker siempre debe jugarse en un ambiente amistoso, en el que todos los jugadores deben lidiar con sus propias circunstancias.

